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23/07/2019

«El cariño de la gente es una caricia al alma»

Exclusivo CARAS. La periodista Claudia García abrió las puertas de su charca en Maldonado.

Afines de abril recibió la sorpresiva noticia que la desvinculaban de Telemundo, tras haber sido durante 15 años la cara femenina del informativo central de canal 12. “Fue como un terremoto y me llevó unos cuantos días procesarlo, sumado a todo lo intenso que fue la respuesta del público. Quiero seguir en la comu- nicación, es mi vocación, pero me voy a tomar el tiempo para pensar qué quiero hacer. Si llegan buenas oportunidades, las tomaré, y sino, las genera- ré pero a mi tiempo”, contó Claudia García (51) a CARAS. Sin embargo, lejos de regodearse en sentimientos negativos, la periodista decidió tomar esta situación como una oportunidad para afrontar nuevos desafíos, además de disfrutar de las cosas que realmente valen la pena. “Los capricornianos no podemos estar sin trabajar, y somos de ir para adelante y ponerle tesón. Estoy tratando
de moderar ese carácter, disfrutar de otras cosas de la vida y estar
tranquila. Estoy disfrutando más de mi casa y aprovechando para hacer otras actividades personales que por mi rutina laboral no tenía tiempo”, aseguró. Desde hace dos años, Claudia decidió instalarse a vivir con su marido, Gonzalo, en su chacra, en Maldonado, donde tiene una huerta orgánica, disfruta de estar en contacto con la naturaleza y con su perro y gato, a quienes trata como si fueran sus hijos. Allí, abrió sus puer- tas, se mostró desde un lugar que quizás pocos conozcan, y compartió una charla sincera e inspiradora.

—¿Es de las personas que creen que todo pasa por algo?

—El tiempo lo dirá, pero salir un poco de la zona de confort —aun- que fue involuntaria— es una oportunidad para plantearse otros desafíos en la vida. Lo que sí tengo claro es que lo que haga quiero que me haga feliz, además de contribuir con ese público que tanto cariño me ha demostrado. Soy una persona que genera ambientes positivos, no me gusta pelear, defiendo lo mío pero siempre elijo el camino más pacífico. No me gusta anclarme en el dolor, el autocompadecerse es tóxico, eso me lo enseñó la vida. Entonces salgo rápidamente de la situación que me angustia y me paro en un lugar más positivo. Pero que uno vaya para adelante y sea resiliente no significa que no sea sensible. La sensibilidad no es sinónimo de debilidad. Yo me conmuevo por todo, me importa mucho “el otro”. No estoy bárbara pero trabajo todos los días para sentirme bien y creo que la clave es trabajar la aceptación.

—¿Cree que los periodistas tienen una fecha de caducidad?

—En un informativo, por ejemplo, está en juego la confianza, la credi- bilidad, y eso te lo dan los años, uno lo va ganando en el público. Eso es un valor que las empresas de comunicación no deberían descuidar. Quienes trabajamos en los medios somos formadores de opinión e hipotecar eso no está bueno. Creo que hay una crisis en la sociedad, se tendría que recu- perar la dignidad, el respeto y humanizar el trato interpersonal.

—¿La sorprendió el cariño de la gente?

—Sí, me han pasado cosas insólitas. Que me griten en la calle: “Va- mos arriba”, o estar tomando un café con un amigo y que el mozo me diga: “Clau, estamos contigo”. Es como un aliento de equipo y eso es una caricia al alma. Estoy muy agra- decida y eso es un valor que me de- safía mucho más como profesional, porque lo que vaya a hacer de acá en más sé que tiene que responder a ese cariño y reconocimiento. Y eso me hace vibrar y me da una adrenalina para dar todo lo mejor en lo que venga.

—Quizás pocos sepan de su vida en Maldonado, donde tiene una huerta orgánica con su marido. ¿Cómo surgió ese proyecto?

—Los dos teníamos el propósito de tener un proyecto vinculado a la tierra. Encontramos el lugar, empezamos a construir, y en estos últimos años empezamos a plantar para alimentarnos con otra calidad y com- partirlo con la familia y amigos.

—¿Aprendió con su marido las tareas de la huerta?

—Sí, él me enseñó algunas cosas y empecé a ayudarlo; luego, aprendí también observando, sumado a algo de intuición, y hoy estoy súper inte- grada a la cadena que supone man- tener la huerta.

—Además de la huerta, ¿le gusta cocinar?

—En la cocina soy muy práctica, creativa, y soy de improvisar. No hago cosas elaboradas pero te hago unas pizzas en el horno de barro, una tortilla, una disfrutando de otra manera. Yo me siento feliz con la vida que tengo, no volvería para atrás ni elegiría ser más joven. Todos   vivir el presente y con el propósito de disfrutar lo que tengo. Agradezco estar viva, sana, vivir en el lugar que quiero, con un compañero bárbaro, con familia y amigos divinos y con proyectos por delante.Yo quisiera vivir muchos años y llegar a la longevidad con vitalidad.

 

—¿Es buena anfitriona?

—Soy buena anfitriona pero muy obsesiva de que todo tiene que estar perfecto. Me estreso en el buen sen- tido para que el otro se sienta bien. Más allá de la huerta tenemos mu- chas hierbas y nos encanta recibir amigos con tés. Uno de los planes que tengo con mi hermana es estu- diar las propiedades medicinales de las hierbas. Me estoy dando la posibilidad de bucear en otras inquietudes que siempre tuve.

—¿Cómo se siente a los 51 años?

—Siempre traté de hacer ejercicio para verme bien físicamente, qui- zás, esto de la edad me pesó a partir de haber perdido el trabajo. Uno sabequenotiene40añosytedaun poco de incertidumbre. Pero te vas adaptando a las décadas, si bien sentís que los años pasan, la vida se va disfrutando de otra manera. Yo me siento feliz con la vida que tengo, no volvería para atrás ni elegiría ser más joven. Todos los días aprendo a vivir el presente y con el propósito de disfrutar lo que tengo. Agradezco estar viva, sana, vivir en el lugar que quiero, con un compañero bárbaro, con familia y amigos divinos y con proyectos por delante.Yo quisiera vivir muchos años y llegar a la longevidad con vitalidad.

—Imagino que el haber tenido cáncer le tiene que haber cambia- do la formar de encarar la vida…

—Totalmente. Yo trabajé mucho mis zonas miserables cuando me pa- só eso porque elegí vivir y para eso tenía que sanar. Hice muchas cosas para curarme a nivel emocional. Me amigué con el mundo, con las personas con las que había tenido un problema, con integrantes de mi familia. Empecé a armonizar todas facetas que estaban un poco densas y me di cuenta que ese era el camino. Y siento que me curé porque creo en el poder de las emociones, en el poder de la intención y del perdón. Cuando te enfrentás a situaciones extremas, hacés como una especie de contrato con la vida con esa fuerza que nos conecta a todos. Te comprometés a hacer ciertas cosas y creo que esa fue la magia de sanar. Yo soy una perso- na que no puedo bajar los brazos, me voy a levantar siempre, no entiendo a la gente que se entrega. Creo que vivir en paz es sanador, pero hay que trabajarlo todos los días. Hay que agradecer, pedir perdón, abrazarse, besarse, decirle al otro que lo querés. Yo trato de hacerlo siempre. Creo que por ahí pasa la vida…

—¿Siente que el cáncer la hizo mejor persona?

—Sin dudas. Quizás si eso no me hubiera pasado, seguiría con resentimiento y rencor hacia ciertas personas.

—¿El tema de la maternidad es algo que nunca le interesó?

—Cuando pude tenerlos con mi primer marido no quise porque pri- mero estaba el trabajo. Había también una rebeldía de decir para qué iba a traer un hijo a este mundo tan complicado. Y cuando con mi actual pareja —con quien estoy hace 17 años— arrancamos a pensar en la posibilidad, me vino cáncer. Estaba haciendo un tratamiento para quedar embarazada, y en medio de ese cuadro hormonal apareció el cáncer de endometrio. Yo le tengo que agradecer al cáncer porque me sacudió. Para mí la adversidad es una oportunidad. Igual la maternidad nunca fue el motor en mi vida y tengo otras cosas que me llenan. Por ejemplo, me llevo divino con mis sobrinos que son como mis hijos.

—Varios colegas se han volcado a la política, ¿usted aceptaría si se lo proponen?

—No, yo soy periodista, de hecho tuve un ofrecimiento cuando me fui de Telemundo, donde la idea era utilizar mi imagen y la empatía con el público. La esencia de nuestra tarea es la objetividad, el equilibrio. Yo quiero seguir trabajando en comunicación con la neutralidad y la libertad que requiere nuestra tarea.

Claudia es por naturaleza optimista y no duda de que esto es el co- mienzo de nuevas puertas que se abrirán. “Creo que van a venir cosas lindas. Me encantaría volver a hacer radio, lo disfruto muchísimo, o algún otro proyecto en TV. Es clave encontrar el nicho donde uno vibra. Creo que las cosas no hay que forzarlas, hay que aprender a esperar y manejar la ansie- dad”, concluyó la periodista, quien en las últimas semanas fue invitada a tres programas de canal 4 y se sintió como en su casa. ¿Quién dice que esto no sea un pre-calentamiento para desembarcar en breve en ese canal?

Fotos: Pablo Kreimbuhl. Texto: María Noel Álva- rez. Agradecimientos: Lina Pacella; Gladys T.

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