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14/09/2018

Maite Lanata: “No descarto enamorarme de una mujer”

La joven Maite Lanata brilla en la ficción “100 días para enamorarse” en la que interpreta a un chico trans. En una producción exclusiva, la actriz revelación habló de los prejuicios y cómo tomó su familia su papel en la exitosa serie televisiva.

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Gira para mirarse al espejo y su renovado corte de cabello delata la llamativa inscripción que lleva grabada sobre la nuca. “Significa Juana en árabe”, explica su personaje en la ficción mientras que, en plena sesión de maquillaje y peinado para la producción con CARAS, Maite Lanata (18) se encargará de aclarar que se trata de un tatuaje de fantasía.

“Aunque muchos chicos me escriben pensando que es real”, dice Maite atenta en materia de redes sociales la adolescente que conmueve a la audiencia con su interpretación del hijo trans de Nancy Dupláa en “100 Días Para Enamorarse”.

Sin signos de cansancio, ya que solo grabó una escena por la mañana y “nos dieron el lunes feriado”, la revelación teen de la tira de Underground que elevó la vara del Prime Time de Telefe pide un reggaetón para acompañar la tarde de fotos que culminará sobre el final del día con un posterior baño de queratina que dará brillo a su pelo recién estrenado.

“La primera vez que me ví pensé: ‘Me parezco a la mamá de Fede Bal y no me gusta ¡Soy Carmen Barbieri! Cuando llegamos a mi casa, con mi mamá estábamos un poco angustiadas y hablando del tema un poquito llorisqueamos ¡Hicimos otra escena! Al otro día cuando me levanté, ya me había olvidado. Tenía todavía el tic de ponerme la remera y sacarme el pelo que queda adentro pero ya no había. Me costó mucho verme porque toda la vida lo tuve largo y solo me había tocado las puntas. ¡Ahora soy Leo Di Ciprio!”, desdramatiza con humor mientras que su madre y coach actoral, Viviana, que la acompaña al set cada mañana (y también durante la nota) justifica cada mechón de cabello recortado de su hija que conservará como cortina de pelo para el “El Jardín de Bronce”, su próximo papel en TV para HBO Latinoamérica y Pol-ka.

“La novela se extendió hasta diciembre así que intentaré grabar ambas cosas. Me alegra que exista un espacio para tratar estos temas. Por suerte ningún chico trans me escribió diciéndome “che, la estás pifiando o algo parecido”, apunta con orgullo una de las responsables de que la novela fuera declarada de Interés Educativo para la Promoción y Defensa de los Derechos Humanos por la Legislatura Porteña.

¿Temía caer en estereotipos?
—Sí, al principio teníamos ese miedo y por eso quería mucha más información de la que ya tenía de base. Me encanta investigar el mundo interno del personaje por más chico que sea. Recuerdo que al principio cuando me vestía más masculina había muchos que se quejaban diciendo “no todas las lesbianas somos machonas”. Pensaron que el personaje se quedaría solo en que le gustan las mujeres y por eso sorprendió cuando hizo ese “click” que estuvo bueno.

¿Desde el comienzo estaba planteado que sería un chico trans?
—En la primera reunión me dijeron que podía ser un chico trans o un chico no binario, que significa que no se siente de ningún género y que es el caso de muchos. Pero después de una charla con AFDA (Asociación de Familias Diversas de Argentina) nos contaron que la mayoría de los chicos trans empiezan a descubrir que se sienten hombres en la adolescencia, entonces estaba bueno plantearlo así porque había mucho para visualizar de ese tránsito, como obtener el DNI, la partida de nacimiento nueva, empezar a llamarse con nombre de hombre. Elegimos ese camino y empezamos de a poco.

En esa búsqueda, además de acudir a toda clase de material fílmico y documental se contactó con la Asociación Travestis Transexuales Argentinas (ATTTA) y con movimientos que luchan contra la discriminación y la homofobia.
— Y fue interesante cómo se armó una charla en la que todos se daban consejos entre todos, desde cómo fajarse los pechos y ahí te das cuenta como cada persona lo percibe distinto. También con AFDA trabajamos desde el comienzo de la tira, de hecho hace poquito me enteré que le empezaron a mandar mails a los autores y todas la escenas de Carla Peterson hablando de la ley fueron escritas por ellos, les dieron mucha pelota. Además al ser una fundación que ayuda a las familias, todas las escenas están dirigidas a dejar una enseñanza.

¿Cuánto sabía usted sobre cuestiones de género?
— Por suerte en el colegio me habían enseñado bastante, sabía que te podías cambiar el DNI y en 2011 actué en la película “Mía”, que era de chicas trans así que conocía bastante ese mundo. Aunque no sabía tanto por ejemplo cómo eran los procesos de hormonización. Cuando lo conocí a Lautaro Giménez, un chico trans que tuvo una participación en la novela, tenía temor a preguntarle algunas cosas que tenía de inquietud, como qué cambio sentía con las hormonas. No me animaba y eso es totalmente un prejuicio. Después me di cuenta que él habla de cualquier cosa, hasta me contó que se le estaba agrandando el clítoris y no tiene pudor en decírtelo. Cuando me lo contó me di cuenta que podía preguntar lo que se me cante.

La idea de dejarse crecer el vello en las axilas y piernas fue suya. ¿Cuánta libertad le da Sebastián Ortega para aportar ideas fuera del libreto?
— Con Sebas siento que tengo confianza para decirle todo, hasta que me parezco a la mamá de Fede Bal. (Risas) A él también le gusta tratar el personaje con mucha seriedad y lo siento realmente comprometido para que se trate de la mejor forma, al igual que Pablo Cullel. Tengo bastante opinión y libertad en ese sentido.

¿Es cierto que estudió la postura corporal de su padre para darle versatilidad a Juan?
— Sí, observé mucho a mi viejo, encorvado como es él y pensando en cómo ocultar los pechos con esa postura. Pero principalmente empecé a mirar a los hombres en general, sus gestos, lo físico, cómo se apoyan solamente de una pierna. También potencié mi manera de caminar con los pies un poco para afuera. Hay algunas escenas, sobre todo al principio, que me olvidaba de lo postural y ahí está mi mamá en el set, que es mi coach, y me re ayuda. Hoy ya tengo bastante naturalizada esa postura y casi no me doy cuenta. Pero el mayor desafío fue transmitir ese malestar físico que sienten los chicos trans en cuanto a todo su cuerpo y hacerlo con la mayor veracidad posible.

Es la primera actriz en visibilizar un tema que no se trataba en la TV. ¿Qué representa ser la cara visible de tantas historias?
— Una responsabilidad social y un compromiso. Lo más importante que a raíz de la novela muchos chicos se empezaron a empoderar y a contar sus historias ¡Y tengo miles! Me ha contado una chica que se siente hombre y no se lo puede contar a sus amigos porque tiene miedo que no lo acepten y no lo quieran volver a ver. El otro día me quedé hablando con un usuario de Instagram que le está escribiendo una carta a su mamá para contarle la situación y me la quiere mostrar antes para que le de alguna opinión.

¿Y les contesta?
— Cuando me cuentan una historia tan cruda no puedo no responder. Aunque es raro porque de pronto estoy hablando con alguien que no le conozco ni la cara.

¿Qué es lo que más la conmueve?
— Principalmente esa sensación de culpa que tienen muchos a la hora de decírselos a sus papás, por ejemplo cuando Lautaro me contaba que tenía miedo que la madre se sintiera culpable por lo que le estaba pasando a él. Él entró en una adicción grosa como durante tres años y cada tanto tiene miedo de volver a caer y se bajonea.

En tiempos donde el rating escasea en la televisión abierta, la escena en la que usted misma corta su cabello en cámara logró mediciones de 18 puntos.
— La verdad es que jamás esperamos que el programa midiera lo que mide. Si bien imaginaba que tendría repercusión pensé que quizás de otra manera, de hecho las primeras notas que salieron sobre el tema que trataba el programa era más por la polémica o de decir “se la re jugaron”. Y en Twitter pasa algo muy loco también, se hacen TT (Trending Topic) con hashtags como #juaniesjuan, el día que me corté el pelo. Y recuerdo otro que era #100díascontralatransfobia. Está buenísimo que pase eso.

Ya rapó la totalidad de su cabello, fajó sus pechos para disimular el busto y hasta aprendió a andar en skate. ¿Qué barrera no se atrevería a cruzar para continuar con la transición de Juan?
— No sé si tengo alguna barrera o algo que me de miedo mostrar. Tampoco sé si el personaje va a empezar con un proceso de hormonización o alguna vez se va a plantear el tema de las operaciones, porque hay muchos que lo hacen pero hay otros casos que no. Los dos Lautaros que laburan en la novela por ejemplo ninguno de los dos se operó, uno de ellos está tomando hormonas y ya las tetas se le están cayendo. Que me pareció súper loco que nos lo contara. Me parece interesante mostrar ese proceso de inyectarse hormonas pero no lo sé. Como actriz no me pongo ningún límite y mucho menos con Juan.

¿Tampoco si le tocara grabar una primera escena de sexo con una mujer?
— No tendría problema en mostrarlo. Obviamente no haría una escena en la que se me muestre en pelotas pero en esta tira son bastante light y estaría bueno mostrar la primera vez de Juan. Un poco de nervios me daría pero serían los mismos nervios hacerlo con una mujer que un chico. De por sí esas escenas te ponen más nerviosa por el equipo en sí porque cuando se hacen se tienen que ir todos y queda como una incomodidad, eso pasaba en las tomas que me sacaba la remera y tenía que estar con faja, estaba el cámara solo y yo.

Cuando las luces del set se apagan, Maite no se desliga del arte. Cinéfila desde pequeña, no pierde oportunidad de viajar a festivales, nutrirse de la cartelera del tradicional Cine Gaumont cada vez que puede y hasta mirar más de tres películas una atrás de la otra en una misma sala. “Una vez pensé en anotarme en la carrera de Crítica de Artes”, se sincera quien por la noche cursa la Licenciatura en Actuación en UNA (Universidad Nacional de las Artes) y, tenaz, no reprime sus deseos de probar suerte en el exterior. “Me gustaría filmar con Tarantino o trabajar con Alex de la Iglesia. Estaría bueno actuar afuera pero tendría que saber idiomas y soy un queso en inglés”, reconoce. Actriz desde el Jardín de Infantes, “aunque mi papá quería que fuera periodista”, revive su paso por la escuela “Siglo Nuevo” de Colegiales donde pasaba los recreos imitando a Mirtha Legrand“.Usaba una peluca e invitaba a la mesa a distintos próceres que eran mis compañeros de clase. Aunque era muy callada en el colegio, cuando actuaba me volvía extrovertida”, recuerda la joven protagonista de “Yanka y el Espíritu del Volcán”, una de las primeras películas de género fantástico con efectos especiales en Argentina rodada en Neuquén. “La hice a los 13 y ahora me cuesta mucho verme. Soy muy exigente conmigo”, reconoce a horas de tomarse un avión con destino a la provincia de Santa Fe. Invitada junto a la actriz chilena Daniela Vega (Protagonista de “Una Mujer Fantástica, ganadora del Oscar) a participar de un Congreso sobre diversidad sexual en el marco del 25º Festival de Cine Latinoamericano Rosario, quien se valió de un Martín Fierro con apenas once años revela que no debió audicionar en el casting de“100 Días” ya que su desembarco en la primera temporada de “El Marginal” bastó para que los productores volvieran a apostar a su talento. “No tengo idea por qué pensaron en mí, quizás porque no les di muy femenina”, deduce la oriunda de Quilmes.

¿Dice que hay cierto paralelismo entre Juan y usted?
— Creo que sí porque no soy muy femenina, nunca lo fui. Jamás me importó la moda y siempre busqué la comodidad. Entonces cuando vino la propuesta aproveché para explotar mi costado no tan femenino y llevarlo al extremo. En el colegio no me gustaba usar pollera porque era de abrir un poco las piernas y no daba, entonces usaba jogging. Y en mi vida soy medio desastre para maquillarme. Si tengo una fiesta no me gusta resaltar, me gusta estar en la media o por abajo. Tengo un estilo vintage, retro noventoso. Uso bastante ropa prestada de mis primos que me las pasan.

¿Alguna vez estuvo en pareja?
— Tuve idas y vueltas con algún compañero del colegio o salidas esporádicas. Pero al amor lo veo más como una amistad profunda entonces las relaciones chiquitas que tuve siempre fueron con personas que eran mis amigos y en algún momento la cagamos con el beso. No me gusta la cursilería, de hecho cualquier chico que empezó a tirarme onda con “qué bellos ojos” o con la poesía no tiene chance. Esa cosa de “sos lo mejor que me pasó” no te la creo ni en pedo, en eso soy bastante fría. No me gustan los carilindos, me atrae más la personalidad.

Pertenece a una generación que no se rige por etiquetas ni mandatos a la hora de los vínculos y las relaciones. ¿Considera que podría enamorarse de una mujer?
— Me gustan los hombres pero no descartaría una mina que me guste. Ya he besado a una chica en primer año de la secundaria. Era una amistad y nos dimos un beso, ella había dado el primer paso. Ella gustaba de mí pero después no prosperó porque yo no gustaba tanto de ella. Yo quería ser su amiga. Pero tampoco es que me dio rechazo ni nada, tenía 13 años y todavía nos seguimos hablando. Creo que si me gustase una chica, el paso lo tendría que dar la otra persona porque yo no sé si me animaría. Pero es raro igual decirlo también porque por ahí me enamoro de una piba y no sé. Ahora, por ejemplo, tengo mucho levante de minas, es impresionante. Más que a Malena porque yo no tengo novio. ¡Y hombres nada! Para mí que mi personaje ahuyenta a los pibes.

Después de Carla Peterson, Nancy Dupláa, Juan Minujín y Luciano Castro usted debe ser la actriz con más horas de grabación en set. ¿Cómo fracciona los tiempos para llevar la vida de una adolescente de 18 años?
— Cuando grabamos al ser todos adolescentes es como un poco estar en el colegio. ¡Y prefiero estar ahí que en el colegio de verdad! Aunque lo terminé el año pasado. La facultad es a la noche entonces va bien. Y mi vida social la dejo para los fines de semana. Sí quizás me gustaría el año que viene hacer algo más relajado como una película, hacer tira la verdad es que no me gusta mucho. Es muy agotador, en cambio un unitario está bueno porque manejas otros tiempos y no te lleva todo el año.

¿En qué ocupa su tiempo un día que no graba?
— ¡Me levanto re tarde! Y después puteo porque no aproveché la mañana. El otro día que cayó fin de semana largo me puse a ver películas todas de “Leo” Di Caprio. Perdí cuatro horas de mi vida viendo Titanic. Y el sábado fui a Pilar todo el día con mis primos.

¿Es verdad que la llamaron para audicionar en castings de Cris Morena y no se presentó?
— Sí, para hacer el casting de “Aliados” pero no fui. ¡Es que soy la hija no reconocida de Marley! Soy muy torpe, no podría cantar, bailar, actuar y comer al mismo tiempo, por eso no me llama la atención los proyectos de Cris Morena. Canto pero nada más. He hecho castings para Pol-ka también, audicioné para hacer el papel de la villana de “Simona”, no sé para qué me metí ahí. No era mi onda. (Risas)

En su primera entrevista con CARAS aseguró que gozaba del anonimato en la vía pública. ¿Cambió el reconocimiento en la calle?
— ¡Sí, ahora me paran todo el tiempo! El otro día se me acercaron mínimo cuatro señoras que me llamaron “Juani”, como el personaje. Y la gente de mi edad me saluda como Maite. A veces es raro cuando estás comiendo, me pasa muy seguido en los locales de comida rápida que me sacan una foto mientras me clavo una hamburguesa. Eso no está tan bueno. (Ríe)

¿Teme quedar encasillada como el chico trans de “100 Días…”?
— No, de hecho cuando interpreté a una chica autista en “El Elegido” tenía ese miedo y después pasó el tiempo y llegó otra cosa. Creo que no va a suceder. Disfruto mucho lo que me está pasando.

 

*** Por Sabrina Galante

*** Esta nota fue publicada en la edición gráfica de CARAS Argentina.

 

 

 

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