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“Con sacrificio y humildad se puede conquistar el mundo”, Edgardo Novick

Todo lo que se propuso lo logró. Edgardo Novick empezó trabajando en la feria con su padre, y de allí, sin darse cuenta, aprendió
las herramientas que hoy lo convirtieron en un exitoso empresario. También soñó con una hermosa familia, y hoy tiene la fortuna de estar casado hace 33 años con Solveig, con quien tiene 4 hijos, Bernardo, Marcel, Hernán y Victoria; y 4 nietos, Dominique, Jazmín, Luca y Nicolás, y a quienes les recuerda siempre que “con sacrificio y humildad se puede conquistar el mundo”. De ejemplo, sólo basta conocer su historia. —¿Qué recuerdos tiene de niño y adolescente? —Nací cerca del Mercado Agrícola, y de niño viví en La Comercial. Iba a la escuela pública Franklin Delano Roosevelt y jugaba todo el día a la pelota y a la bolita. En la adolescencia fui al liceo Miranda, y a los 14 años, además de estudiar, empecé a trabajar en la feria con mi padre. Éramos de una
clase media, media —baja, se vivía muy dignamente, pero había que ayudar a la familia. Era un trabajo muy sacrificado, había que levantarse a las 4 de la mañana, ir al mercado y a la feria. Mi padre tenía un puesto chico de frutas, con 3 empleados, pero luego empezamos a mejorarlo, a agrandarlo. Lo empezamos a arreglar, teníamos variedad de frutas que nadie tenía ya que comprábamos frutas exóticas, y así lo fuimos posicionando.- ¿Siente que lo que hacía de forma innata en la feria le sirvió para
aplicarlo en sus negocios posteriores? —Sin dudas. Ahora asocio todo lo que me enseñó la feria. Cuando proyectaba la venta de la feria, ahí estaba haciendo marketing; cuando estaba el puesto armado, recorría la feria y veía cómo estaban los demás, ahí hacía
estudios de mercado. Hoy, cuando arreglamos los locales, así como lo hacía en el puesto para que todo luciera más, estaba haciendo visual merchandising. Siempre tuve gusto por la excelencia en la exhibición de productos. —Luego se dedicó al diseño…
—Sí, diseñé buzos de lana, los mandabatejer y los vendía. Me fue muy bien, y ahí traje la marca Little Stone. Luego, me instalé en Montevideo Shopping, que abrió en el 85, y confeccionaba cerca de 10 mil prendas por mes. Ahí empecé a viajar a EEUU, a Europa, y veía la moda, las tendencias,lo que se usaba. Ahí dejé de diseñar y me puse a copiar. —¿Siempre desde joven tuvo esa
visión de qué negocio podía funcionar?

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