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04/09/2013

Celebridades

«Max se muere por ver a su hermanita», Nani Rodríguez futura mamá

Siempre cuenta que no entiende por qué esperó tanto para ser mamá. Y tras disfrutar a pleno del crecimiento de su hijo, Máximo, Nani Rodríguez está nuevamente en la “dulce espera” de Rafaela, quien nacerá en octubre. Durante la producción de CARAS por el día del niño, la presidenta de la Fundación Gonzalo Rodríguez se […]

Siempre cuenta que no entiende por qué esperó tanto para ser mamá. Y tras disfrutar a pleno del crecimiento de su hijo, Máximo, Nani Rodríguez está nuevamente en la “dulce espera” de Rafaela, quien nacerá en octubre. Durante la producción de CARAS por el día del niño, la presidenta de la Fundación Gonzalo Rodríguez se divirtió jugando con su hijo, quien la mimó, la llenó de besos y hasta le habló a su hermanita diciéndole que
saliera bien en la foto. –Faltan pocos meses para la llegada de Rafaela, ¿cómo viven esta etapa? –Estamos en la dulce espera, parece que la cigüeña tiene pasaje para octubre. Por suerte Max es un niño súper tierno y lo toma con mucha naturalidad. Cada tanto me pregunta “¿Mami, cuánto falta para que el doctor te corte la panza así puedo ver a la hermanita?”. Mi médico ya me avisó que por circunstancias de salud, nacerá por cesárea,así que me es muy fácil poder explicarle a Max por dónde va a salir la
hermanita (risas). –¿Qué características suyas y de su marido ve en Máximo? –Yo creo que Max tiene la inteligencia del padre y la sensibilidad de la madre. Y es muy generoso y tierno, características poco comunes en los varones. El otro día, viéndolo en clase de piscina, pude notar también que se distrae bastante, y eso seguro es una característica mía. –¿Qué comparte hoy con Máximo y qué imagina que disfrutará con su hija? –Con Max trato de compartir lo más que puedo. Por suerte puedo estar en muchos momentos del día
con él. Trato de ir a buscarlo a la escuela todos los días, eso es algo que me prometí antes de tenerlo. Son cosas simples pero me encanta ver las caritas de los niños cuando me acerco a la puerta del jardín, todos buscando a su mamá, son como pollitos. Y me muero de tristeza si no voy. Además, ya llegará el momento que me pida por favor que lo deje solo, así que por ahora disfruto de esto. Con la niña, es de vuelta empezar con ese sentimiento enormemente poderoso que a uno le aflora con un recién nacido. Y en lo práctico esto se traduce en alimentarla a cada rato, cambiar mucho pañal y hacerle mucho provecho.

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